—Tu madre tiene razón.
—Entonces tienes que aprender.
—Estoy intentando hacerlo.
Hugo asintió lentamente.
No lo perdonó aquella tarde.
Pero tampoco volvió a esconderse cuando escuchaba la voz de su padre.
Y para Javier, aquel pequeño gesto significó más que cualquier felicitación recibida en su carrera.
Los meses siguientes trajeron cambios difíciles.
El divorcio siguió su curso y Javier aceptó que los niños vivieran habitualmente con Lucía.
También se comprometió a pagar la pensión correspondiente y a cumplir un régimen de visitas progresivo.
Su abogado le explicó que podía discutir