también significaba aceptar lo que no quería oír.
Lucía, mientras tanto, construyó una vida independiente.
Consiguió una plaza docente estable, alquiló una vivienda más amplia y empezó a disfrutar de momentos que antes parecían imposibles.
Ya no sentía angustia cuando sonaba el teléfono.
Ya no tenía que justificar cada compra.
Y, sobre todo, sus hijos habían dejado de preguntar si habría calefacción durante la noche.
5 años después, Hugo encontró un dibujo antiguo mientras ordenaba sus cuadernos.
Era aquel que había dejado en Jaca.
Su madre y su hermana aparecían