En Jaca, mi marido firmó sin leer mientras sostenía a nuestra hija enferma y nuestro hijo llevaba las botas rotas. «Tu madre sabe cuidarla», dijo antes de marcharse con Cristina. No lloré: guardé el convenio de divorcio y compré 3 billetes para León. En la carpeta quedaba otra firma que él tampoco recordaba

dice que esperemos».

Javier sintió vergüenza.

Recordó que Lucía había sido una profesora brillante antes de casarse. Había renunciado a varios contratos para acompañarlo durante sus destinos militares.

Él le prometió que algún día volvería a enseñar.

Nunca volvió a preguntarle por aquella promesa.

La vecina, Rosario, llamó a la puerta.

—Tu mujer me pidió 50 euros para comprar medicinas.

—¿Por qué no me lo dijo?

Rosario lo miró indignada.

—Te lo dijo delante de mí. Le respondiste que Cristina también tenía problemas y que dejara de comportarse como una