contra Rafael como una sombra enorme. La pistola salió volando. Dante avanzó. Marco también. Yo corrí hacia Sophie.
No escuché más.
Solo a mi hija.
La tomé entre mis brazos, revisé su cara, su pecho, sus manos.
—¿Te hirió? ¿Te hirió?
—No, mami, no, Bruno mordió al hombre malo.
La apreté contra mí.
Temblaba.
Yo también.
Dante tenía a Rafael contra el suelo, con la rodilla en su espalda y la pistola apuntándole a la cabeza.
Bruno estaba a un lado, sangrando del costado.
—¡Bruno! —gritó Sophie.
Intentó soltarse de