El jefe mafioso más temido de Nueva York fingió dormir para probar a su nueva empleada, pero la hija de ella lo cubrió con una manta

—Muerto.

—Qué conveniente.

Sus palabras me cortaron más de lo que esperaba.

—No fui yo quien lo mató por Mateo.

—No. Usted mató a Mateo por Vincent.

Me quedé en silencio.

Porque no tenía defensa.

Isabel dio un paso hacia el escritorio.

—¿Sabe qué hice cuando Mateo no volvió esa noche?

No quería escucharlo.

Pero lo merecía.

—Esperé con Sofia en brazos hasta que amaneció. Cada ruido en la escalera me parecía él. Cada auto que frenaba afuera me hacía correr a la ventana. A las seis de la mañana,