ampliar sus bodegas, convencido de que el contrato estaba asegurado. Había comprometido maquinaria y propiedades como garantía. Sin el negocio y con las irregularidades descubiertas, sus acreedores empezaron a exigir respuestas.
Seis semanas después del accidente, cuando pude salir unas horas del hospital en silla de ruedas, solicité una visita autorizada al centro de reclusión donde estaba detenido. Elena me acompañó.
Mi padre apareció al otro lado del vidrio con el rostro cansado, pero conservaba su arrogancia.
—Supongo que vienes a retirar tu declaración —dijo sin saludar—. Ya perjudicaste bastante