Lucía.
—Quizá. Pero sé leer una escritura y sé lo que significa tener el cincuenta y uno por ciento de los votos de esa red. Mamá me dejó sus acciones.
Durante unos instantes no pudo hablar. Volvió a mirar el papel, buscando algún error.
—Isabel no tenía nada —murmuró finalmente.
—Eso creíste siempre. Nunca preguntaste qué hacía cuando trabajaba hasta la madrugada. Nunca quisiste saber cuánto valía lo que construyó.
Su voz se quebró por primera vez.
—Hija, escúchame. Me desesperé aquella noche. Fue un accidente. Podemos arreglarlo. Soy tu