en volver a caminar.
No podía hablar.
Una investigadora de la Fiscalía, Gabriela Salas, entró en mi habitación.
—Lucía, necesito que respondas con los ojos. Una vez significa no. Dos veces significa sí.
Asentí ligeramente.
—¿Te aventaste voluntariamente?
Parpadeé una vez.
—¿Tu padre te empujó?
Parpadeé dos.
Gabriela respiró profundamente.
—Eso coincide con lo que encontramos.
Sacó una tableta.
—La cámara de seguridad de una propiedad vecina registró sonidos de aquella noche. Pero lo más importante estaba en el teléfono de tu hermanastra.
Sentí que el corazón se me aceleraba.