El sobre olvidado en el último cajón

La primera explicación que me golpeó fue la más obvia y la más cruel. Una amante. Una vida paralela. Una traición prolongada que había convivido con nuestros aniversarios, nuestros viajes, nuestras crisis y nuestras alegrías. La sola idea me revolvió el estómago. Corrí al baño y vomité el café que había tomado esa mañana.

Pero mientras me lavaba la cara frente al espejo, algo no encajaba. Miguel había sido un hombre transparente en las cosas cotidianas. Nunca escondió su celular, nunca me mintió sobre dónde iba. Trabajaba desde casa la