sido antes de Gabriel.
No todo fue fácil.
Hubo noches en las que me sorprendí echando de menos su voz.
Otras veces recordaba el día en que me pidió matrimonio, junto al mar, con las manos temblorosas y lágrimas en los ojos.
Había sido un recuerdo precioso.
Y seguía siéndolo.
Que una historia terminara mal no significaba que todos sus momentos hubieran sido falsos.
Pero tampoco convertía los momentos felices en una razón suficiente para regresar.
Una mañana, mientras desayunaba, recibí una carta de la empresa donde trabajaba Gabriel.
Era