todos los presentes.
Ahí venían. Cientos de cadetes marchando con una sincronía perfecta, vestidos con sus uniformes blancos como la espuma del mar embravecido.
Busqué desesperadamente a Valeria. Iba en el tercer bloque, en la fila exterior. Se veía hermosa y solemne, con la barbilla en alto, el sable al cinto y la mirada firme al frente. En un momento, sus ojos recorrieron las gradas delanteras. Estaba buscando mi rostro en los primeros asientos.
Sonreí y levanté apenas la mano desde la sombra de la palma, pero estaba tan lejos