aquel niño había regresado de adulto para pedir zapatos para un hijo.
Era una posibilidad que no quería descartar.
También llevó el par antiguo a otro zapatero.
El hombre examinó el desgaste y señaló los cuatro puntos de presión de la parte delantera, el poco uso del talón y el aspecto del interior.
Le parecieron inusuales.
Su opinión no identificaba a quien los había llevado ni permitía reconstruir todo su recorrido.
Los zapatos conservaban señales de uso.
No conservaban una explicación.
Rosa aceptó que quizá nunca la tendría.
Su padre
Un Zapatero de Riobamba le hizo zapatos a un gris en 1962 — 25 años después volvieron gastados