Un Zapatero de Riobamba le hizo zapatos a un gris en 1962 — 25 años después volvieron gastados

Durante el trayecto sintió una respiración breve contra su cuello.
Lo acomodó detrás de una cortina de costales, donde guardaba los rollos de cuero.
Después preparó agua y limpió con cuidado aquellos pies lastimados.
El visitante observaba sus manos.
Aurelio extendió papel sobre el suelo, apoyó uno de los pies y trazó su contorno con el lápiz de carpintero.
Hizo lo mismo con el otro.
Donde solía escribir el nombre del cliente, dibujó una interrogación.
Los pies medían diecinueve centímetros.
Ninguna horma del taller servía para ellos.
Aquella primera noche