sabía lo que iba a pasar.
—Pero pude haberlo buscado antes.
No discutí con su dolor.
Aquella madrugada también le conté mi historia. Le hablé de Rogelio, de la mujer por la que me había dejado y de cómo había vendido mis pertenencias para desaparecer del pueblo.
—Cuando llegué aquí, pensé que jamás volvería a necesitar a nadie —confesé.
Efraín miró mi vientre.
—Y aun así está trabajando para darle un hogar a su criatura.
—Tengo miedo de no poder hacerlo sola.
—No tiene que demostrarle nada a nadie, doña