estaba agotada, se ofrecía a cargarla mientras permanecíamos en la sala o en el corredor.
Una tarde lo encontré sentado bajo el tejabán, meciendo a mi hija con una delicadeza que me conmovió.
Le cantaba una canción antigua.
—Mi madre cantaba esto cuando yo era pequeño —me explicó.
Clara se quedó dormida sobre su pecho.
Poco después construyó una cuna de madera con tablas que consiguió trabajando en otro rancho.
La lijó cuidadosamente y la colocó junto a mi cama.
—No es muy bonita —dijo.
Pasé los dedos por la