madera suave.
—Es más bonita de lo que usted piensa.
Creí que finalmente habíamos encontrado una manera de vivir tranquilos.
Pero cuando Clara estaba cerca de cumplir 2 meses, una tarde lo encontré sentado frente al corral, mirando hacia el camino.
Su perro permanecía acostado junto a sus botas.
—Tenemos que platicar, Dora.
Dejé de sonreír.
Conocía demasiado bien aquella expresión.
—Me ofrecieron trabajo en un rancho grande —dijo—. Pagan mejor y dan alojamiento. He estado pensando en aceptarlo.
Sentí que me faltaba el aire.
—¿Quiere marcharse?
Efraín se frotó