a mi hija. Después recogí los huevos y anoté las ventas pendientes en la libreta azul.
Tenía miedo, pero esta vez sabía cómo continuar.
Durante los siguientes 3 días trabajé hasta donde mis fuerzas me permitieron. Pedí apoyo para las tareas más pesadas y rechacé la idea de abandonar el rancho.
Extrañaba a Efraín al escuchar los mugidos de las vacas.
Lo extrañaba cuando Clara miraba hacia el corredor.
Pero también estaba decidida a no volver a entregar mi tranquilidad a alguien que pudiera marcharse sin hacerse responsable de sus