Mi esposo me abandonó embarazada por otra mujer, y me refugié en un rancho donde juré no confiar en ningún hombre. Bajo la lluvia apareció un desconocido con un perro flaco y una cabra preñada, pidiendo comida a cambio de arreglar mi cerca. Lo dejé trabajar solo ese día, pero antes de irse me mostró una viga podrida que sostenía parte del techo. Si volvía a llover, mi casa podía venirse abajo; salvarla significaba pedirle a aquel extraño que se quedara.

preparado frijoles, arroz y queso fresco, casi la misma comida que le ofrecí cuando lo conocí.

Él miró su plato y sonrió.

—¿Se acuerda de la primera vez que me dio de comer?

—Claro que me acuerdo. Le dije que solamente podía quedarse 1 día.

—Y mire cuánto tiempo llevo aquí.

Sonreí mientras observaba a Clara jugar con una cucharita.

Después miré por la ventana.

La cerca seguía firme. Las gallinas descansaban en su gallinero y nuestro perro dormía cerca del corredor.

Afuera comenzaba a caer una lluvia ligera.

Me