levanté para cerrar la puerta, pero antes de hacerlo miré a Efraín, que estaba recogiendo los platos mientras nuestra hija lo observaba sonriente.
Entonces comprendí que aquella casa ya no necesitaba mantener a todo el mundo afuera para ser un lugar seguro.
Dejé la puerta entreabierta para escuchar la lluvia y regresé a sentarme junto a mi familia.