tampoco parecía querer vivir de mi caridad.
Durante los días siguientes reforzó el techo, arregló el gallinero y terminó de sembrar maíz.
Yo seguía recogiendo huevos, cultivando jitomates y llevando verduras al camino, donde pasaba la camioneta de un comprador.
Efraín jamás entraba a mi casa sin permiso.
Dormía en el cobertizo, acompañado de su perro y su cabra.
Con el paso de las semanas comenzó a conseguir trabajos en ranchos vecinos. A cambio de reparar cercas y cuidar animales, obtuvo alimento para las gallinas, herramientas y, después de bastante