Si vuelve a llover como anoche, una parte del techo podría venirse abajo mientras usted duerme.
PARTE 2
Me quedé mirando aquella viga. Durante semanas había escuchado crujir el techo, pero prefería pensar que era culpa del viento.
—¿Puede repararla?
—Sí, señora. Necesitaré madera buena y algo de tiempo.
Por primera vez, fui yo quien le pidió que se quedara.
Acordamos que recibiría comida y alojamiento mientras trabajaba, además de una parte de las ganancias cuando el rancho empezara a producir mejor. No quería deberle favores a nadie, y él