perro permaneció acostado junto a la puerta.
Al verlo trabajar con tanta delicadeza, comprendí que aquel hombre sabía cuidar mucho más que cercas.
Pero unas semanas después enfermó.
Lo encontré sentado bajo el tejabán, temblando de fiebre. Me dijo que estaba bien, aunque apenas podía sostenerse.
Conseguí que lo revisaran en el centro de salud y seguí las indicaciones que nos dieron. Durante las noches le llevaba agua, comida caliente y una cobija limpia.
Una madrugada me encontró sentada junto a su cama improvisada.
—¿Por qué hace tanto por mí,