Mi esposo me abandonó embarazada por otra mujer, y me refugié en un rancho donde juré no confiar en ningún hombre. Bajo la lluvia apareció un desconocido con un perro flaco y una cabra preñada, pidiendo comida a cambio de arreglar mi cerca. Lo dejé trabajar solo ese día, pero antes de irse me mostró una viga podrida que sostenía parte del techo. Si volvía a llover, mi casa podía venirse abajo; salvarla significaba pedirle a aquel extraño que se quedara.

doña Dora?

—Porque usted tampoco me dejó sola con todo este trabajo.

Efraín bajó la mirada.

—Antes tenía una familia.

Guardé silencio.

Él apretó la cobija entre los dedos y agregó algo que me dejó helada.

—Yo también tuve un hijo. Se llamaba Lucas. Y todavía no consigo perdonarme que se haya ido de este mundo sin que pudiera despedirme de él.

PARTE 3

Efraín tardó en continuar. La lluvia golpeaba el techo del cobertizo y su perro dormía junto a la cama, con la cabeza apoyada sobre sus botas.