volvimos a hablar de cosas que no fueran trámites o gastos escolares. A veces tomábamos café mientras Mateo hacía la tarea. No recuperamos el matrimonio ni fingimos que la herida no existía; aprendimos a hablar como 2 adultos unidos por un hijo y una historia imposible de reescribir.
Casi un año después, Inés plantó un limonero joven junto a la entrada. El anterior se había secado mientras la casa estuvo descuidada. Mateo cubrió las raíces y acomodó piedras alrededor del tronco. Ofrecí cavar el hoyo, pero Inés insistió en hacer