que sí, que podíamos intentarlo juntos. Trabajamos un buen rato. El eje quedó un poco chueco, pero el carrito avanzó por las baldosas del patio.
Mateo lo empujó, lo vio tambalearse y sonrió.
—Todavía no queda perfecto.
—No —le respondí—. Pero ya camina.
Inés salió con 3 vasos de limonada y dejó uno junto a cada uno. No dijo que todo estuviera perdonado y no se lo pedí. Se sentó cerca mientras Mateo hacía rodar el carrito alrededor del limonero. Un tractor pasó por la calle, un perro ladró y