sonaron las campanas.
Regresé para firmar unos papeles y cerrar una etapa, pero entendí que una casa se defiende con escrituras y una familia se sostiene con presencia. El dinero reparó paredes y la justicia ayudó a recuperar lo perdido, pero nada devolvió los años que falté. Para eso hicieron falta llamadas contestadas, promesas cumplidas y volver sin esperar felicitaciones.
Mateo siguió jugando a mi lado con su carrito. No recuperaría la infancia que me perdí ni podía pedirle confianza de golpe. Solo podía estar allí al día siguiente y