remendando pantalones junto a una máquina de coser vieja. Tenía el rostro más delgado y la blusa desteñida. Dentro, sobre una cama de tablas y cobijas, dormía un niño de 10 años.
Mateo despertó al verme. Sostenía un carrito de juguete al que le faltaba una rueda. Inés levantó la mirada y la aguja quedó quieta entre sus dedos.
—¿Qué haces aquí, Álvaro? —preguntó sin sorpresa, pero tampoco con bienvenida.
No supe qué contestar. Miré la palangana de agua, la pequeña estufa de gas y las manchas de humedad en