piedra. Yo había regresado para cerrar un trámite, pero mi hijo ni siquiera sabía si debía esperarme hasta la hora de la comida.
PARTE 2
Le dije que no me iría antes de entender lo que había pasado. Inés no se tranquilizó.
—Entenderlo no cambia dónde hemos dormido estos años —respondió mientras cortaba pan para Mateo—. Y no necesito que llegues con una tarjeta de crédito a arreglarlo todo.
Le pregunté por el dinero. Yo veía transferencias mensuales completas en mi teléfono, pero Inés sacó de una caja de zapatos