«¡Papá, detén el coche!», gritó mi hija de 5 años mientras señalaba a 2 niñas descalzas que dormían junto a un montón de basura en la ciudad de Nueva York. Segundos después, yo estaba arrodillado en el agua sucia de la lluvia, mirando fijamente sus rostros, porque ambas eran idénticas a mi hija, y una de ellas tenía los inconfundibles ojos verdes y dorados de mi difunta esposa.

la Fiscalía por posibles falsificaciones y ocultamiento de menores. También pedí una valoración genética por las vías legales, con intervención de la autoridad competente. No quería que un resultado obtenido a escondidas pusiera en riesgo a las niñas.

Mientras Jimena preparaba los escritos, revisé los correos de aquellos días. Ofelia había contestado en mi nombre varios mensajes del hospital porque yo estaba sedado y apenas dormía. Encontré uno enviado por la jefa de enfermería, Silvia Robles, con un asunto que me heló: «Pendiente de entrega: hoja de tres nacimientos».

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