cortó.
PARTE 3
Marqué de nuevo. El teléfono estaba apagado. Volví a llamar tantas veces que Jimena tuvo que quitarme el celular de la mano.
—Si Lucía está viva, lo peor que podemos hacer es avisarle a quien la escondió —me dijo.
Tenía razón. Pedimos que se incorporara la llamada a la denuncia y solicitamos medidas de protección para las 3 niñas. A la mañana siguiente recibí un mensaje desde otro número: «Centro de rehabilitación La Encina, cerca de Toluca. Pregunte por Laura Mendoza. Soy Alma, enfermera. No venga solo».