Guardé la pantalla y se la mostré a la fiscalía. Por primera vez, el nombre de mi esposa podía conducirnos a un lugar, no a una tumba.
Ofelia apareció en mi oficina sin avisar, impecable y con la misma expresión con que había administrado mi duelo.
—Me dijeron que recogiste a 2 niñas de la calle. Debes pensar en Valeria.
—Se llaman Vera y Violeta. Tú conocías esos nombres.
—Lucía los había elegido. Cualquiera de la familia pudo contarlos.
—¿También conocían el relicario? ¿Y por qué no existen sus actas