de defunción?
—No abras heridas que ya cerraron.
—No estaban cerradas. Tú las tapaste.
Cuando le pregunté si Lucía vivía, negó con la cabeza. Al mencionar La Encina, tiró la silla al levantarse.
—No tienes idea de lo que estás haciendo —dijo.
—Entonces explícame tú.
Se marchó amenazando con impedir que aquellas «extrañas» se acercaran a Valeria. Jimena presenció todo. Prohibí a Ofelia recoger a mi hija de la escuela.
Dos días después llegamos a La Encina, cerca de Toluca, con autorización de Lucía y acompañamiento de la autoridad. Una