contestó Lucía—. Incluso cuando no podía decir sus nombres.
Mara siguió en contacto, sin exigir abrazos. Había amado a las niñas y también les había hecho daño. Reconstruiríamos la relación sin mentiras.
Una tarde, mientras las 3 hermanas coloreaban alrededor de la mesa, Valeria me preguntó si su abuela nos había querido alguna vez. Miré a Lucía, que escuchaba desde la puerta, apoyada en su bastón.
—Tal vez nos quiso a su manera —respondí—. Pero el amor no da derecho a encerrar a alguien ni a decidir qué hijos merece