mío. Mara sabía que yo pasaba por la obra los jueves. No podía ser casualidad.
Llamé al 911 y pedí asistencia para 2 menores abandonadas. Después avisé al encargado de seguridad del hotel que nos llevara cobijas, sin permitir que nadie se acercara a las niñas. Mientras esperábamos, Valeria se agachó frente a ellas.
—Yo también tengo una manchita detrás de la oreja —les dijo, apartándose el cabello.
Las 3 tenían una señal casi idéntica. Recordé a Lucía riéndose porque decía que nuestras hijas llevarían una pequeña constelación escondida.
—¿Por