giró hacia él.
—¿Qué dinero?
Diego guardó silencio.
Ella frunció el ceño.
—Tú nos dijiste que Valeria estaba de acuerdo.
Rogelio dejó una caja en el suelo.
—También dijiste que la casa pronto sería de los dos.
Yo miré a Diego.
Por primera vez entendí que quizá también les había mentido a ellos.
Entonces sonó la tableta de Andrea.
Había llegado un correo del banco.
Lo abrió.
Leyó durante casi un minuto sin decir nada.
Después levantó la mirada.
—Valeria, hay algo más.
Me acercó la pantalla.
Diego había solicitado