Mi marido me dejó descalza frente a mi propia casa porque me negué a pagar los 2.850.000 pesos que sus padres exigían para mudarse con nosotros. ‘Cuando aprendas a apoyar a mi familia, podrás volver’, me dijo antes de cerrar con llave. A la mañana siguiente regresé con mis documentos en una carpeta. Entonces mi suegra hizo una pregunta que cambió por completo lo que yo creía saber sobre mi esposo.

—No estoy empezando nada. Estoy preguntando por qué dos personas vienen a instalarse permanentemente en mi casa sin que nadie me haya consultado.

Rogelio colocó una carpeta color crema sobre la mesa.

—Ya que estamos hablando de responsabilidades, también tenemos que arreglar esto.

La abrí.

Había facturas, cotizaciones y cuentas pendientes.

Mudanza.

Bodega.

Tratamientos médicos.

Un colchón ortopédico.

Muebles nuevos.

Remodelación del baño.

Una televisión enorme.

Y varias deudas que yo ni siquiera sabía que existían.

Al final había una hoja con una cifra encerrada en tinta roja:

2.850.