antes de conocerlo. Yo había dado el enganche, yo seguía pagando el crédito y las escrituras estaban exclusivamente a mi nombre.
—¿A partir de hoy? —pregunté—. ¿Y cuándo pensabas decírmelo?
Teresa entró directamente a la sala.
Miró los muebles, las cortinas y después el pasillo.
—Qué bueno que tienes todo tan limpio, Valeria. Estamos agotados. El cuarto de visitas nos va a quedar perfecto.
Sentí que algo se me endurecía en el pecho.
—Ese cuarto no ha sido ofrecido a nadie.
Diego dejó la maleta en el suelo.
—No empieces.