Mi marido me dejó descalza frente a mi propia casa porque me negué a pagar los 2.850.000 pesos que sus padres exigían para mudarse con nosotros. ‘Cuando aprendas a apoyar a mi familia, podrás volver’, me dijo antes de cerrar con llave. A la mañana siguiente regresé con mis documentos en una carpeta. Entonces mi suegra hizo una pregunta que cambió por completo lo que yo creía saber sobre mi esposo.

la maleta.

—Diego, esta casa está a mi nombre.

—Valeria, no compliques más las cosas.

Metió mis zapatos, cerró la cremallera y llevó la maleta hasta la entrada.

Teresa estaba sentada en mi sofá.

Rogelio ya había colocado algunas de sus cosas sobre un mueble.

—Esto es absurdo —dije.

Diego abrió la puerta.

—Necesitas calmarte.

—No puedes expulsarme de mi propia casa.

Pero tomó mi bolso, lo dejó junto a la maleta y esperó.

Yo no quería convertir aquello en una escena física.

Salí.

Ni siquiera había alcanzado a ponerme