los zapatos.
Diego cerró la puerta.
Escuché el seguro.
El sonido fue pequeño.
Pero me cambió la vida.
Desde el porche pude oír a Teresa diciendo:
—A ver si así aprende a pensar también en los demás.
Después escuché cajas abriéndose.
Muebles moviéndose.
Risas.
Dentro de la casa por la que yo había trabajado durante años.
Esa noche dormí en el sofá de mi amiga Camila.
No lloré.
Me quedé mirando el techo hasta después de las 2 de la mañana.
Luego abrí el teléfono y envié cuatro mensajes.
Uno