permaneció junto a la ventana.
Nunca había olvidado cómo aquella mujer la humillaba por ser hija de una costurera.
Pilar contempló a su hijo en la silla de ruedas y comenzó a llorar.
—Antes de que me preguntes nada, Gabriel, quiero que sepas que he vivido 13 años avergonzada.
Gabriel la miró fijamente.
—¿Era falsa aquella carta?
La anciana cerró los ojos.
—Sí.
El silencio se hizo insoportable.
—Yo le pedí a Garrido que preparara las fotografías y la carta. Pensaba que Elena no era la esposa adecuada para ti.