desaparecida.
Cada mañana, antes de trabajar, lo ayudaba con los ejercicios recomendados por rehabilitación. Alba estudiaba a su lado por las tardes. Y Julián seguía investigando discretamente.
Una mañana, Elena encontró entre las pertenencias de Gabriel una taza de barro.
Tenía grabadas 2 iniciales: G y E.
—¿Todavía la conservas?
Gabriel sonrió con tristeza.
La habían comprado cuando eran jóvenes y vivían en un apartamento diminuto. Elena estudiaba enfermería mientras Gabriel intentaba sacar adelante su primera pequeña bodega.
Aquella taza había sobrevivido a su matrimonio.
—Nunca conseguí tirarla —confesó él.