mujer con la que había compartido doce años.
Pero ahora estaba frente a un monitor que mostraba dos pequeños corazones.
Dos corazones que demostraban que la verdad nunca había sido la que él imaginó.
Derek se acercó lentamente.
—Sarah, lo siento.
Lo miré.
—No necesitas disculparte por no entender cómo funciona una vasectomía.
Hice una pausa.
—Necesitas disculparte por haber decidido que era culpable antes de conocer la verdad.
Jessica permaneció en silencio.
Derek intentó tomar mi mano.
La retiré.
Porque aquella mañana comprendí algo que nunca olvidaría:
A veces