Volví antes de tiempo y encontré a una niña de 3 años lavando mi camisa. ‘Mamá está enferma, pero no podemos perder el trabajo’, me dijo. Iba a llevarla con su madre cuando empezó a tararear la canción que la mía cantaba antes de morir , hace 27 años. Entonces la niña dijo algo que ningún extraño podía saber kara.

Parte del dinero había salido de la compañía para cubrir deudas privadas.

—¿Mi padre sabía?

Octavio bajó la mirada.

—Sí.

—¿Y qué hizo?

—Le pidió a tu madre que lo dejara.

Sentí una rabia seca.

Mi madre había descubierto que su propia familia estaba escondiendo dinero y mi padre prefirió proteger a su hermano.

Tres días después, ella murió.

A la mañana siguiente, Sofía apareció en el jardín con un dibujo.

Había pintado 3 figuras: su madre, ella y un hombre enorme que, según ella, era yo.

Mientras dibujaba, volvió