—No.
—¿Como el temible Adrián Valdés?
—Mucho menos.
Ella sonrió.
—¿Entonces?
—Como Adrián.
Aceptó.
Dos años después, Lucía terminó enfermería.
El día de su graduación, Sofía estaba sentada a mi lado y gritó “¡MAMÁ!” tan fuerte que medio auditorio se volvió a verla.
Al salir, le entregué a Lucía un ramo de girasoles.
—Pensé que traerías bugambilias.
—Nuestra familia ya tiene suficientes problemas botánicos.
Se rio.
Entonces Sofía me jaló del saco.
—Ahora.
Fruncí el ceño.
—¿Ahora qué?
Susurró lo bastante fuerte para que Lucía escuchara:
—El anillo.
Cerré los