apretaba dentro de mí.
—¿Trabajando?
Levantó la camisa manchada de café.
—Mamá lloró anoche. Dijo que si no viene, no nos alcanza para la casa.
Lucía tenía sueldo fijo. Nadie iba a despedirla por faltar un día.
Pero Sofía no podía saber eso.
Para ella, su madre estaba enferma y el mundo podía derrumbarse si aquella mancha no desaparecía.
Me arrodillé frente a ella.
Entonces empezó a tararear otra vez.
La misma canción.
La canción que mi madre, Beatriz Valdés, me cantaba mientras me acariciaba el cabello.
—¿Quién te enseñó