no necesita entenderlo por completo para dejar de pisarlo.
La entrevista terminó poco después.
Esa noche llegué a casa.
Julian estaba leyendo.
Noah dormía.
Sobre mi mesa de trabajo había nuevos bocetos para una colección.
Abrí la caja donde todavía conservaba una única cosa del brazalete original que no había utilizado.
Un zafiro minúsculo.
El más pequeño.
Durante años había pensado incorporarlo a otra pieza.
Nunca lo hice.
Lo sostuve entre los dedos.
Julian apareció en la puerta.
—¿Todo bien?
—Sí.
Se acercó.
—¿Ese es…?
—El último.
No intentó tocarlo.