Yo sonreí.
Después volví a colocarlo en la caja.
—¿No vas a usarlo?
—No.
—¿Por qué?
Cerré la tapa.
—Porque no todo lo roto necesita transformarse en algo útil.
Julian apoyó la espalda contra la puerta.
Esperó.
—Algunas cosas pueden simplemente quedarse como testimonio de que existieron.
Guardé la caja.
Apagué la lámpara.
Y pensé en la mujer que había sido años atrás.
La que lloraba en el suelo recogiendo pequeñas piedras azules.
Creía que estaba recogiendo los restos de su madre.
Después pensó que recogía los restos de su