de buenos modales: que si el momento no era el adecuado, que si Caleb estaba demasiado joven para amarrarse, que si no le parecía sospechoso que yo hubiera salido embarazada justo cuando la empresa preparaba una reestructuración de acciones multimillonaria.
—Mírate nada más —dijo Sandra al plantarse frente a mí, sin molestarse en dar las buenas tardes—. Tienes una cara de muerta que espanta. Si así estás al principio, no me quiero imaginar el teatrito que vas a armar cuando toque el parto.
—Estoy cansada, Sandra. Por favor, toma asiento