y déjame en paz —le respondí con un hilo de voz, aferrando mi fólder contra el pecho.
En lugar de sentarse, se inclinó hacia mí con una sonrisa torcida y me arrebató el expediente de las manos con un tirón seco.
—A ver qué tanto misterio te traes —dijo, abriendo el broche y hojeando los estudios sin el menor pudor—. Ultrasonido de alta definición… pruebas genéticas… monitoreo cardíaco… ¿Pase a perinatología de alto riesgo? Por el amor de Dios, Rachel. Las mujeres de verdad han parido en el campo durante