Conmoción en la fiesta de la empresa, compromiso con la hermanastra y adquisición del 90 por ciento de las acciones.

nublándome los ojos, ni siquiera le presté atención.

—No me levantes la voz, escuincla igualada —me espetó Sandra, apretando la mandíbula.

Sin la menor compasión, tomó las dos hojas del diagnóstico de alto riesgo y, mirándome fijo a los ojos, las rompió por la mitad con un crujido seco que retumbó en la sala.

El sonido me paralizó el corazón. Eran documentos oficiales, órdenes médicas firmadas que me había costado semanas conseguir.

—¡¿Qué demonios estás haciendo?! ¡Estás loca! —me abalancé a quitarle el fólder, pero Sandra dio un paso atrás